En su libro “Una historia de FAU”, Carlos Mechoso narra la historia de algunas vidas que cruzaron sobre su militancia. Una de ellas, la de Olivar Caussade el Viejo Pocho; viejo digno y agauchado, con sus 50 y pico se integró a la FAU.
En Uruguay no eran tiempos de buenaventura social y había que ser muy guapo y querendón con los de abajo pa` comprometerse a esa altura del partido. Según cuentan, el viejo Pocho era hombre baqueano, comprometido con los compañeros, laburante del frigorífico y padre de familia. En la FAU cumplía distintas funciones, sabia de berretines, pozos y venideras actividades. Guardaba como tesoro la información y reiteraba: “a los compañeros nunca los defraudaré”. A cada tanto les recordaba, que si era necesario el tenía otro compañero-alma, su 38.
Pocho pareciera ser, de esas especies con esos corazones que en este mundo no soportan la injusticia, ojos que ya no quieren ver mas en nuestra tierra tanta pero tanta desigualdad social, con puños levantados cargados de lucha y profunda solidaridad y que de tan dignos queda corta la memoria para recordar...
Un 14 de octubre una casa rodearon los milicos, al arrombar la puerta suena el disparo y así, encontraron echado al piso y pegado al corazón un 38...dormitando tranquilo entre sueños de justicia y libertad, estaba el Viejo Pocho.
Según el comunicado 574 de las fuerzas conjuntas: en una finca ubicada en la calle Arachanes Nº 5558 se ocultaba un delincuente integrante de una de las organizaciones criminales que atentan contra el país, comprobaron que en uno de los pisos, yacía el cuerpo del faccioso a quien se iba a detener.
